Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, el Baobab era el árbol más hermoso de todos, admirado por animales, hombres y plantas; es por ello que los Dioses, complacidos por su hermosura, lo bendijo con una vida increíblemente lóngeva, aún en los cánones de los árboles. El Baobab, orgulloso, empezó a crecer y a crecer durante mucho tiempo, haciéndose más y más fuerte, hermoso, y alto, tan alto, que sus ramas daban sombra a los demás árboles y helaba a las criaturas que pasaban bajo él. Llegó a crecer tanto que, lleno de orgullo, gritó a los Dioses que pronto los alcanzaría. Los Dioses coléricos por desafiarlos, le dieron una lección de modestia, y lo plantaron al revés. Así, las hermosas ramas, flores y hojas quedaron enterradas, y el Baobab adoptó la forma de unas raices buscando el cielo.
